Mi habitación huele a raja que te cagas.

Últimamente solo se hospedan en mi habitación vaginas, matrices, chochos, chichis, rajas, conchas, cotorras, conejos, chuminos y de dos en dos. No se de que formas, texturas y sabores pero seguro que de todo tipo: largas, cortitas, voluminosas, sabor vainilla, sabor ruibarbo, sabor vinagre und so weiter und sofort. Proceden de geografías distintas, las últimas en hospedarse fueron de Cracovia , Los Ángeles y Amsterdam.

A lo que voy, cuando vuelvo del trabajo y abro la puerta de mi habitación me viene una bocanada de olor a marihuana, vinilo y a chocho variado. Pero me resulta curioso que sólo y sólo si, huele en ausencia de las mismas. Cuando las rajas están ahí cotorreando no se percibe esa fragancia. Qué extraño. Es cómo si dejaran un mensaje subliminal: Eh tío! Recuerda que aquí estamos, las rajas!

Meterla!

Mi tío Mikel

Visto que estamos nostálgicos, voy a hablar de mi tío, mi tío Mikel. Allá por finales de los sesenta, el tipo se encontraba estudiando “perito químico” en Barcelona, de ésa Barcelona cuenta maravillas, la más interesante para mí, sus citas pre-examen a una casa de señoras en el barrio chino. Lo que ahora es una tienda de caramelos artesanos en la calle Ample. Allí el tío, mi tío, gozaba, le trataban bien y por unos pocos duros recibía una felación extraordinaria por parte de una mujer entrada en carnes, en edad y con excesivo maquillaje. Relata que su mayor deseo era entrar allí con un tubo flexible de leche condensada, y, cuando la susodicha comenzaba la faena, el abría el tubo flexible con armonía y se deshacía del gustito. Aquello debía ser lo máximo. Debía llegar al examen hecho un monstruo. 

Debemos trasladarnos a aquella época, el antierotismo lo era todo, una entrepierna celulítica de una mujer de 44 años te la ponía tiesa, no es cómo ahora, pese a que el hombre va igual de salido que un canto granítico anguloso en un jardín japonés, la mujer de aquella época jugaba con lo prohibido, mientras que ahora no hay nada prohibido. Mikel me cuenta, años antes de lo acontecido en Barcelona, que su primera corrida con leche se la produjo una tía suya durante un baile de lo más familiar, se frotó de tal forma al ritmo de “Los Brincos”, que ella, sabiendo cómo no, la delicadeza de un adolescente, jugó con gran habilidad, proporcionó excitación a cascoporro al pobre insensato, y pequeños movimientos de cadera y de muslo provocaron en poco tiempo una eyaculación precoz adolescente, allí, en la pista de baile -yo me imagino la cara de mi tío y me saltan las lágrimas, retorciéndose del gusto sin poder hacer demasiadas exclamaciones, guiñando mucho un ojo, moviendo el cuello logarítmicamente como lo hacen las palomas y con un pequeño tembleque en las piernas-. Pensad, que en la primera corrida suele salir mucha leche, leche de color beige-amarillo fosforito, espesa y homogénea, la mía ocurrió en una piscina, de ahí,  mis conocimientos sobre color, textura, cantidad, homogeneidad…

Hoy en día mi tío lucha a contracorriente, sigue siendo salvaje, y folla a base de uves, pero lo da todo, por tanto, en consonancia con el post anterior, y en honor a mi tío Mikel:

“Se la cosa va bene avanti con el pene, se la cosa mingua avanti con la lingua”.

Los agujeros negors y la génesis del neomachismo

Mi madre, víctima de las abducciones de mayo del 68, me educó para que cuando llegara el momento usara preservativo y no descuidase el sexo oral, que para ella era la parte más importante del sexo. Y así sucedió que a la primera chica que me llevé a la cama le comí la raja tan mal y durante tanto tiempo que se agobió y marchó de mi casa corriendo y llorando desconsoladamente.

Mamá, ¿qué he hecho mal? Si yo le comí el coño con toda mi voluntad. Mira, mira que yagas me hicieron los colmillos en la lengua… pobre de mí.

Hijo, eres demasiado racionalista, tienes que dejarte llevar un poco más y prestar más atención a lo que a ella le guste. ¡Experimenta!

Y experimeté, sí, una verdadera obsesión por el orgasmo femenino. Soñaba con coños corriéndose como si fueran surtidores, coños que se corrían una y otra vez sin apenas  esfuerzo, coños como fuentes. Tenía 15 años.

Pasé la adolescencia buscando una raja surtidor sin éxito y cuando la encontré, perdió el interés rápidamente. Aquello era una frivolidad, media docena de orgasmos en fila india… ¡qué banalidad!, ¡qué sinsustanciez!. Aquello no tenía límite. Era un verdadero agujero negro.

Entonces llegó el “amor” y con él ese equilibrio anodino del toma y daca en la cama que caracteriza a las parejas consolidadas, pero también los terrenos pantanosos de la transgresión y el consentimiento mutuo. Y así, un día en que mi raja andaba medio dormida, yo salido como un animal y a falta de condones, le dí por culo sin mediar palabra y con tal violencia que me corrí en 60’’. Aquello me gustó de tal manera que no tardé en encontrar una chica, que a falta de otras experiencias comparativas, es decir, virgen, tolerase y llegase a apreciar la sistematización de semejantes prácticas sexuales.

Si lo supiera mi madre, me mata,  ahora si se lo pudiera contar a mi abuelo, menudas risas nos echaríamos.


La dientes negros

Suena el teléfono

- Hola, soy fulanita de tal, la de la fiesta de ayer.
- Ah, sí… hola (ni idea)
- Quedamos en ir juntos a la playa…
- Claro, ¿Cúando?
- Mañana, si te viene bien. Te paso a recoger y preparo yo la comida, que trabajo en una panadería de madrugada y no me cuesta nada.



Una raja me saluda desde lejos. Lleva un vestido de verano, una cesta de mimbre, es rubia y de buen ver. Nos damos dos besos. Tiene los ojos azules y huele pan.

¿Cómo dices que te llamas?
Fulanita…

y mientras suelta una carcajada me doy cuenta de que tiene los dientes negros.

En la playa lo paso fatal. Ella es encantadora y anda despelotada echándome crema en la espalda, invitándome a nectarinas, cocas de albaricoque y vino.  Me la pone durísima y tengo ganas de follar allí mismo, pero cada vez que abre la boca, lo veo todo negro.

Estamos de vuelta y le pido que me deje en casa. La situación es muy violenta, ella quiere liarse conmigo y yo no lo sé, la verdad, prefiero pensar que no…

- Oye, muchísmas gracias fulanita. Eres encantadora y me lo he pasado - estupendamente.
- Entonces qué… ¿nos volveremos a ver?
- La verdad es que no sé, porque vivo en el extranjero y estoy aquí de vacaciones…
Chao!

Ya en casa y tocando la guitarra en cueros bajo el aire acondicionado pienso: ¡Vaya marrón me acabo de quitar de encima!

Suena el teléfono

- Oye, que soy fulanita, que estoy aquí en una rotonda antes de entrar en la autopista y he pensado joder, algo falla, porque lo hemos pasado estupendo, a mí me gustas mucho la verdad y tengo la impresión de que nos hubiérmaos podido liar en cualquier momento… ¿Vuelvo o qué?

- Sí.

He aquí uno de los mejores polvos de mi vida.
Fulanita intentó volver a quedar conmigo más veces, pero nunca me atreví.
Acabé por mentir diciéndole que no me gustaba…

Un buen amigo mío - ¡Pobre infeliz! - llegó  a aconsejarme que afrontase el asunto y le sugiriese hacerse una limpieza dental….

Ahora que todas tienen los dientes perfectos, la que los tiene negros, nos pone cerdos.

Glorie Trou Beneteau

Ayer estaba viendo a trozos una película francesa maravillosa en tv2, aunque pensándolo bien podía haber sido búlgara, me siguió encantando. Trataba de una mujer que se dedicaba a hacer pajas a través de un agujero, el famoso “glory hole”, es sencillo, metes la minga en un pequeño orificio y a partir de ahí, alguien que desconoces por completo empieza a jugar con tu pito con el propósito de correrte teniendo la incertidumbre de no saber quién realmente te está masturbando. Pivón o carcamal. Tú mismo, por 10€…

…Joder lo voy pensando mientras escribo, menudo peliculón! Resulta que la mujer en cuestión va cogiendo fama en la ciudad, creo recordar Marsella, como la mejor pajillera de la ciudad, trabaja en un “sexcenter” llamado LSD (Love. Sex. Dreams.) del casco antiguo, la mujer hasta hace horas extra y le cambian su nombre artístico de Montse a Cleopatre, lo faraónico llama la atención. Bueno al zenit, que la pajilleitor plus resulta ser una jubilada, una abuela con una mano muy fina, eficaz y rentable aunque padezca tendinitis aguda en la muñeca izquierda, es zurda, los zurdos siempre tienen algo especial. La jubilaitor se forra, y ese dinero es para pagar las curas de una enfermedad de su nieto.

A raíz de esto quiero que me haga una paja una abuela experimentada, a poder ser, francesa o búlgara o da igual.


meterla! en el agujero que sea!

La meto en peores rajas que Baudelaire

Me quedo dormido leyéndo a Rilke en un ferry Palma-Barcelona. Despierto y me encuentro una raja a mi lado con el libro en las manos. Perdona - dice con acento extranjero - esto nos lo mandaban leer en el colegio y me ha hecho ilusión verlo aquí. Es Checa, de buen ver y está claramente salida. Perdonada.

Trabaja en un renting de yates en el puerto de Barcelona y al salir del ferry tiene que ir directamente allí, pero me cita esa misma noche para cenar. Lo veo todo tan claro que paso la tarde empalmado hasta el punto de tener que atarme el pito a la barriga con el cinturón para poder salir a la calle. 


Cenamos estupendamente, estamos a punto de llegar a su casa y hablando de su infancia, con total ligereza, espeta: “Estudié el bachillerato en Praga y la verdad es que no sé muy bien como pude aprobar, porqué el último año lo pasé entero pinchándome heroina con mis amigos”.

Entonces sus lunares se convierten en sarcomas de Kaposi, ella se descubre como en la Metamorfosis del vampiro (Baudelaire) y sin embargo, dada la magnitud del calentón previo, mi polla sigue dura como una piedra.

Mi plan es evitar el sexo oral, pero como está escrito en el programa de las rajas liberadas en mayo del 68, cuando ve que le voy a meter mi astronomía en su teatro de variedades me dice: ¡Cómeme el coño!

No hago caso y me intenta forzar

Ella: ¡Cómemelo!

Yo: ¡No quiero, joder!

Ella: ¿Te da asco o qué?

Yo: No, pero soy bastante aprensivo y después de tu historia de agujas en Praga no me apetece mucho.

Ella: Así que es eso eh… bueno pues a mí ya me has cortado el rollo.

Yo: Pues a mí no…

Está tan poco claro el mutuo consentimiento del coito que el condón amenaza con romperse… Me corro.

Yo: Llevo pensando en ti desde esta mañana en el ferry y no aguantaba más

Silencio

Yo: Si quieres podemos ir mañana a hacernos las pruebas de ETSS en un centro de planificación familiar que hay al final de la Rambla del Raval…

Ella: ¡Vete de mi casa hijo de puta!


La tronca del Kebap

No hace mucho, no sé ni cuanto, “la tronca del Kebap” estaba hablando conmigo sobre trasvases eléctricos en no se que província de Rumania y, es que estaba ella un tanto pillada por este país y lo exótico de sus ortodoxos con falda, los cuales a su parecer eran eróticamente llamativos. Lo que no sé es como putas acabamos hablando de cuestiones socio-políticas y tratados energéticos en el tercer mundo a altas horas de la madrugada en un Kebap pero el caso es que eso si que me parecía a mi eróticamente llamativo.

El caso es que se metió un rumano que fulaneaba por ahí en la conversación y tras divagar entre aliento de Jägermeister y disolvente (que es lo que debía beber él) la tronca lo empezó a seducir de forma rápida, implacable y ante el estupor de mis ojos.

La tronca resulta ser mi compañera de piso, y el Kebap un idílico lugar donde manjares se sirven entre uñas impolutamente negras, en horas inverosímiles. Y el rumano era…

…bueno el rumano era a otro puto pive que la tronca del Kebap había cazado en susodicho lugar, porque la tronca cuando no pillaba en la disco solía hacerlo en el Kebap matutino a 200 metros de casa, así de fuerte es ella.

Así pues tenía aquello pinta de ser otro día más enfrentándome a la incomoda situación de ir esos putos 200 metros que separan el chuzo de la casa andando con mi compi de piso y el pive que se iba a follar así que me adelanté y dije:

-Tú, tía que me abro.

-Noor! No te pires.

-No tronca, yo paso de manporrearla otra noche más.

-Jijiji pero que tonti eres, que a este no me lo voy a follar.

(todo este con el pive delante y este con el bolsillo de punta)

-Puaj, me piro.

( el pive la cortejaba, ya en plan me rozo estoy to pedo y cerdo y soy rumano)

Entonces salimos para casa, el rumano con nosotros y yo hasta el nabo pero cuando estábamos en el portal la tronca va y le dice: “Chau pescau” y portazo…

No pude evitar reírme ante tal neurótico desprecio de zorra “warminabos” y en algo así como una femenina complicidad subimos las escaleras rápido y a pies puntillas partiéndonos el culo hasta el descansillo del segundo, en frente de la puerta de casa donde nos pusimos cada uno a buscar nuestras llaves entre risas y ráfagas de miradas de complicidad hasta que yo me adelanté y fui a meter la llave pero se me cayó…

-Mierdus! (me agacho a por ellas)

Me levanto y me encuentro un pedazo de morreo lascivo de la puta hostia en salmuera que todavía me hace temblar la rodilla izquierda cuando me acuerdo.

Fuimos siempre buenos compis y previo a esto no es que hubiera una denotada tensión sexual por ninguno de ambos pero la follada que nos pegamos ese día fue la hostia del coño…

Y después?

No voy a decir que nunca se volviera a mencionar el tema, por que hubo que dar explicaciones a nuestro otro compi de piso, transcurrido un tiempo cuando confesamos quién estaba con quién aquella noche en la que cayeron la mitad de los libros de la habitación colindante, pero al día siguiente fue como si nada hubiera pasado.

He de decir que los melodramas intelectuales a altas horas de la madrugada me ponen muchísimo y he de decir también que la tronca está buenísima y he de decir también que tuve que dejar esa socarranería y deje machista de llamarla “tronca del Kebap” y empezar a llamarla por su nombre por que pese a no pertenecer a ninguna iglesia autocéfala, ni beber disolvente y ni haber nacido en ningún pais inferior, yo, presente, fui otra víctima más de “la tronca del Kebap”.

Meterla!!!

“Tranquila tia, que llevo el culot de follar”

Distinguidos y honorables, 

el viernes, una llamada hacia las 4am no hizo que me desenredara de alguno de mis extraños sueños que estoy teniendo últimamente, suplantando identidades y acabando en la cama con padres de amigos míos. Está buena y no hemos follado todavía. Es pesada la pobre pero huele bien, al menos su pelo. Cómo no, cojo el teléfono (eso sí, ejercitando mi voz segundos antes) y, siguiendo en mi sueño, sigo con el enredo, ésta vez suplantando mi lugar:

- Eyyy! Guapo! ¿Qué haces? ¿No estarás por el centro? Es que me han echado del Apolo porque bailaba demasiado bien.

- Holaaa! Pues mira, justo ahora acabo de salir del Red Rocket.

-¿Quedamos en la puerta del Liceo en media hora?

- Mmmmm…(lavarme la cara, vestirme, fumarme dos cigarrillos…si) Sí! Perfecto!

Rápidamente me pongo la ropa que he llevado a la exposición oral sobre “Los posibles efectos colaterales del uso nuclear en Francia”, algo trendy y desmejorado. Vivo a las afueras de la ciudad, requiero de taxi (16€), me paro 800 metros antes, calle Aragón, coincido con Eto’o bajando de una limusina vestido absolutamente de blanco, muy elegante. Nos saludamos. Bajo rápido hacia el punto de encuentro, escuchando algo animado, llego. Ella espera retorcida bajo una columna, bastante enajenada habla por teléfono en no se que idioma, creo llegar a entender: “tranquila tía que llevo el culot de follar”. Fantástico. Me mete la lengua al intentar saludarnos, ha bebido limonada, vodka y chupitos con chili, ha fumado de 8 a 11 cigarrillos industriales, un desayuno equilibrado. - Vamos a casa - es mi primera dilación, aunque no se si la llego a pronunciar, la imagino y ella lo sobreentiende, taxi (17,80€) que paga ella encantada. Tras un zigzagueo en la entrada, extremo roce en un ascensor patrimonio de algo, entramos en casa, en el recibidor se agacha fugazmente, se quita las Victoria y ya que está, demuestra que aún no tiene una técnica muy depurada con el manejo de su dentadura y mi falo, quiere encender la luz a toda costa, y lo único que consigue es abrir la luz de la habitación de mi compañero de piso (es la movida que representa tener los interruptores fuera de la habitación), pocos segundos más tarde se abre la puerta de su habitación y mi compi observa con mala ostia esa escena gracias al halo de luz que sale de su cuarto y el reflejo anaranjado de las farolas. Maduro su postura y creo que la recordará durante algún tiempo. Ella ni se entera, incluso tiene la intención de aprender, allí in situ, pero yo no de enseñar. Al lío. Gritos asfixiantes, movimientos raveros, risas inconexas y un olor vaginal un tanto intoxicado. Ni me corro, ni se corre. Típico polvo en falso, que se arregla a las 10:16 con una paja a desgana, corriéndome en su ombligo.

En honor a nuestro hundimiento postmodernista y para Miriam.

Meterla!

El regreso de Ulises

El hombre es una mujer que en vez de tener un coño tiene una picha, lo que en nada perjudica el normal discurrir de las cosas y aumenta con un toque delicioso la diversidad de la especie. Pero el hombre es una mujer que nunca se comportó como tal, y quiso diferenciarse, ser chic, no consiguiendo con eso sino producir monstruosidades como esta famosa “civilización occidental” bajo la que nos ahogamos pero que, felizmente, va a desaparecer en breve.


Por el contrario, la mujer, que es un hombre, supo siempre guardar las distancias y nunca pretendió ocupar el lugar de la vida sistematizando puerilidades, como filosofía, aviación, ciencia, música (sinfónica), guerras, etc. Algunos pedantes que se toman por libertadores la llaman “esclava del hombre” y ella ríe abiertamente; con su coño, que es un hombre.

(…)

Mário Cessariny, «O regresso de Ulisses», en Pena Capital, Assírio & Alvim, Lisboa, 1982.